Un paciente embriagado en la farmacia

Me encontraba detrás del mostrador cuando cambié el campo visual hacia el exterior. Mi atención se fijó en una persona que se dirigía hacia la farmacia con paso irregular y una trayectoria zigzagueante. Me quedé expectante y, de forma automática, me dirigí hacia la entrada de la misma para abordarlo y preguntarle si necesitaba algo. Una vez se produjo el encuentro, me percato de su estado de embriaguez, optando por establecer un diálogo amistoso con ánimo de ayuda e intentar alejarlo de la entrada. En esos momentos, se desploma y entra en convulsiones, golpeando su cabeza de forma compulsiva contra el suelo. Respondí lo más rápido que pude, sujetándole la cabeza a modo de almohada para evitar que siguiese golpeándose. En ese momento, aparecieron dos agentes de la Guardia Civil y, entre los tres, no podíamos sujetarlo para evitar que se lastimase. Uno de ellos llamó al servicio médico, que acudió después de varias llamadas; la última, en un tono imperativo dada la urgencia de la situación.

Fueron unos momentos tensos y, aunque breves, se hicieron muy largos. Nunca había vivido una experiencia así. Finalmente, aparecieron, lo sedaron y se lo llevaron. Agradecí la colaboración de los agentes y, para mi sorpresa, al día siguiente apareció dicha persona para agradecer lo que habíamos hecho por él, cosa que me congratuló.

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Opinión del Experto: Antonio Ramón 

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