Bulos y noticias falsas sobre temas de salud

El acceso inmediato a información ilimitada que nos proporciona la digitalización puede facilitar la vida diaria, pero tiene un gran inconveniente: la proliferación de ideas falsas y de datos erróneos que, especialmente en el ámbito de la salud, suponen un peligro.

Se trata de un fenómeno en aumento [1], ya que cada vez son más los usuarios que consultan información sobre salud en Internet, a menudo sin haber recibido la orientación necesaria para discernir entre contenido de confianza y contenido poco fiable.

Según el II Estudio sobre Bulos en Salud [1], llevado a cabo por el Instituto #SaludsinBulos en 2019, el 63% de los 350 profesionales encuestados aseguró que los bulos de salud habían aumentado respecto al año anterior. Un 65% consideró que la desinformación en salud provoca una falta de confianza en el personal sanitario, que puede tener consecuencias graves en la salud. Además, el 90% afirmó que los pacientes buscan información sobre síntomas y patologías en Internet antes de acudir a una consulta.

Según el estudio, los principales canales de difusión de información errónea sobre salud son las redes sociales, especialmente  WhatsApp, Facebook y Twitter. Además, los datos del Instituto #SaludsinBulos afirman que muchas apps sobre salud no están acreditadas.

 

¿Cómo se expanden los bulos?

Muchos estudios analizan el comportamiento de los usuarios en la búsqueda de información, pero todavía se comprende poco sobre la epidemia de la desinformación. Un estudio [2] afirma que los datos falsos se propagan más y más rápido que los verdaderos, y que esto ocurre porque los datos falsos a menudo tienen un componente de novedad, sorpresa, miedo o disgusto. La literatura sobre la psicología del comportamiento en línea respalda estos datos, sugiriendo que las personas son más propensas a compartir contenido que produce una respuesta emocional.

 

Los temas con más información falsa

Algunos temas de salud son especialmente susceptibles a la desinformación, debido a la cantidad de usuarios que toman interés en ellos o a causa de terceros interesados en obtener un beneficio a través de la difusión de bulos. Entre los temas más afectados se encuentran [1]:

  • El cáncer. Según un metaanálisis de datos publicado en el Journal of Cancer Education, el 60% de las apps sobre cáncer no están certificadas, y no distinguen entre contenido científico y contenido publicitario. Además, existen bulos sobre remedios milagrosos que prometen curar el cáncer, como las semillas de albaricoque [2]. Esta es una afirmación peligrosa, ya que su consumo puede causar intoxicación por cianuro.
  • Las vacunas. Un estudio británico realizado por la Royal Society for Public Health afirma que el 41% de los padres con hijos menores de edad han recibido mensajes negativos sobre las vacunas a través de redes sociales. La proliferación falsa de esta información suele agravarse en época de infecciones virales como la gripe, lo cual puede suponer un riesgo de salud para los pacientes que deciden no vacunarse, especialmente si son pacientes de riesgo.
  • La alimentación. Según el I Estudio sobre Bulos de Salud, más de la mitad de los bulos sobre salud que circulan en la red están relacionados con la alimentación. Algunos de los datos falsos más extendidos son la existencia de “superalimentos”, la presencia de hormonas en la carne de pollo o la información errónea sobre la leche entera, desnatada, sin lactosa, etc.

La desinformación sobre el coronavirus

La pandemia de la COVID-19 ha generado una serie de informaciones falsas alrededor del coronavirus [3]. La difusión de información no oficial o contrastada, incluso si está firmada con el nombre de una persona supuestamente de confianza, supone un grave riesgo para la salud pública, ya que contribuye a aumentar el miedo y la estigmatización, e incluso a hacer que los pacientes dejen de tomar las medidas de protección recomendadas o que se expongan más al virus. Es importante que tanto los profesionales como los pacientes busquen fuentes de confianza, acreditadas por entidades sanitarias oficiales como la Organización Mundial de la Salud (OMS), y que se informen sólo a través de estas fuentes. Desde la farmacia, se pueden indicar estas referencias a los pacientes que hagan consultas sobre COVID-19.

 

La farmacia contra la desinformación

El Consejo General de Colegios Farmacéuticos y el Instituto #SaludsinBulos presentaron una campaña para detener la desinformación sobre medicamentos en redes sociales [4]. La campaña, dirigida a los pacientes, incluye un decálogo de recomendaciones para aprender a distinguir información veraz e información falsa.

Desde la farmacia, se pueden mostrar las diferentes recomendaciones de esta campaña a los pacientes expuestos a información falsa sobre medicamentos. Se puede detectar si han estado expuestos a información falsa sobre medicamentos mediante la realización de preguntas relacionadas, por ejemplo, con los grandes resultados que puede prometer y si cuenta con evidencia científica.

 

Referencias

[1] 'Fake news', bulos y contenidos en salud: una tendencia con muchos riesgos. El Sevier. Disponible en: https://www.elsevier.com/es-es/connect/actualidad-sanitaria/fake-news-bulos-y-contenidos-en-salud-una-tendencia-con-muchos-riesgos [27/10/2020]

[2] Public Health and Online Misinformation: Challenges and Recommendations. Annualreviews. Disponible en:  https://www.annualreviews.org/doi/10.1146/annurev-publhealth-040119-094127 [27/10/2020]

[3] UNICEF alerta sobre la desinformación en torno al coronavirus. UNICEF. Disponible en: https://www.unicef.org/dominicanrepublic/comunicados-prensa/unicef-alerta-sobre-desinformacion-en-torno-al-coronavirus [27/10/2020]

[4] Campaña contra la desinformación sobre medicamentos en Redes Sociales. Portal Farma. Disponible en: https://www.portalfarma.com/Profesionales/campanaspf/categorias/Paginas/Varios/2020-campana-contra-desinformacion-medicamentos-redes-sociales.aspx [27/10/2020]

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